*Review: Bonsái, de Cristián Jiménez

Por Manuel Labra / Colaborador invitado

Bonsái comienza con esta frase : « Al final Emilia muere y Julio no muere. El resto es ficción ».

Bonsái habla de literatura, del tiempo como una ficción personal, un traspaso de memoria relativo a la temporalidad propia. De Proust. Quién leyó a Proust? Pocos, nadie. Yo no por lo menos.

« Un bonsái no es un árbol. Es la historia de un árbol, el intento de plasmar un instante fugitivo para la eternidad », dice Cristián Jiménez. Su película fue presentada el año pasado en Un Certain Regard, la primera selección de este nivel para un film chileno desde Tierra del Fuego, de Miguel Littin, en el 2000.

Cuando leí la obra de Zambra, imaginé la película de mil formas. A mi manera. La leí sabiendo que Cristián Jiménez había hecho un film, sabiendo que yo iría a Cannes y que lo vería allá. Veía a Julio (Diego Noguera) como un perno, inseguro y nervioso. No lo veía fumando. Me imaginé el film como si yo lo hubiese dirigido. Pero todo esto se esta convirtiendo en ficción.

Bonsái habla de un eterno estudiante sin grandes esperanzas (del tipo que puede hacer creer que leyó a Proust para impresionar a una chica guapa) que se convierte en escritor por accidente. O por impostura. De cómo la impostura permite también de encontrarse a sí mismo.

Ví el film y me gustó, pero no tanto. Insistía en que era una reproducción fácil del libro. Que el libro (60 páginas) era fácil de adaptar a un film. Pero tampoco me caía muy bien Jiménez. Lo encontraba creído. Además, cuando lo llamé para verlo en Cannes, ni me respondió el mensaje. Tampoco estaba obligado a hacerlo, no soy nadie y fui de colado a Cannes (esto también es ficción).

En fin, encontré que el film estaba bien realizado (que es probablemente la crítica que hacen todos los weones que no quieren mojarse el potito).

Meses después, y después de haberme reconciliado con el Jiménez que yo mismo tal vez inventé y malinterpreté, fue la Avant-Première de Bonsái en Paris, en el MK2 Quai de Loire. Volvi a ver Bonsái y la verdad, me pareció una buena película. Jiménez supo traducir habilmente la metaficción del libro, mantiene el espíritu literal y  literario de este y logra enfrentar la pregunta sobre la ficción en el cine y la vida.

Es el tiempo, el hecho de haber sido influenciado por la pelicula misma, u otro, los que nublaron mi visión del libro? Mi rechazo a lo que yo pensaba era una actitud pedante (petera) del realizador? El Libro había nublado mi visión del film?

Ficción aun.

Después de la proyección, fuimos a una sede del Partido Comunista que queda al lado del cine a ver tocar a Panico, que toca también en el film (el peinado noventero de Eduardo Pistola con su pinta actual es bien surrealista). La sede se convirtió en un bar super cuico, muy bonito. Una fiesta llena de chilenos, en un bar cuico regido por el Partido Comunista, donde toca Panico, en honor a una película chilena, seleccionada en Cannes, merece su mención. Y el copete gratis. Y las cumbias al final.

Fuimos bien recibidos.

Quizás, con el tiempo, yo hice mi propia transferencia de memoria, olvidé, construí mi propia historia, mi propio argumento, y gané en placer a través del film. Fuí un impostor y aprendí. El cine tal vez es eso, un objeto que permite una proyección ficcionada de nuestro propio tiempo. Eso es lo que film me había enseñado: en gustos no hay nada escrito. Cada uno crea su propia ficción. El resto es Bonsái, de Cristián Jiménez.

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