*Consejos de una persona que trata de escribir para otra persona que trata de escribir.

Por Diego Sepúlveda (@czdr) / Foto por Felipe Carnotto

En las últimas semanas —siempre, en realidad, desde que me propuse editar un libro— me he encontrado con frases inspiracionales, consejos, etc, sobre supuestas pistas que te van a ayudar a escribir mejor. Bueno, no les compro, por eso he decidido armar mi  propia lista. En primer lugar porque siempre son de alguien que ya ha logrado editar algo. Es cierto que su voz proviene —probablemente— de la experiencia, pero la experiencia también va acompañada de una interpretación profundamente personal. La mayor parte de las cosas en las que he logrado avanzar en mi vida, han sucedido porque las he conversado con mis amigos, quienes poco y nada saben de lo que están hablando, tanto como yo. El valor de este intercambio de ideas radica en la sensibilidad de cada uno para exponer su punto de vista ignorante y desvergonzado, lo que probablemente nos lleve a hacer las cosas no tan perfectas como pretendemos.

Hacer las cosas mal es una condición sine qua non, para lograr hacer las cosas bien. Por lo que ese es mi primer punto.

2.- Lee, no necesariamente libros. Es cierto que hay que leer mucho, pero eso no significa encerrarte en tu pieza a leer los clásicos sólo para poder comentarlos en el recreo de la universidad o sobrarte con una mina. Lee porque enriquece tu lenguaje, y esto abarca desde los anuncios del metro, hasta la parte de atrás del shampoo mientras estás en el baño y olvidaste llevar el diario. Cada cosa tiene un lenguaje particular por eso es importante leer. A medida que uno va comprendiéndolo el dibujo que puede realizar de la obra propia es mucho más acabado y claro para que el lector logre identificarse.

3.- No botes nada. Si algo de lo que escribiste no te gusta, no lo botes ni lo borres. Guárdalo y luego vuelve a examinarlo. Fíjate qué hiciste mal, no te castigues ni te desanimes por escribir mal, es el primer paso para escribir bien y nadie lo logra de un día a otro. Tampoco es como que tengas que escribir desde los 5 años para ser un buen escritor. Raya tus textos como si fueran un borrador de un dibujo. Es imposible pensar un dibujo en el que no hayamos usado una goma, no hay que tener miedo a borrar y corregir. Para esto también es bueno perderle el miedo a que otro lea tu texto y recibir su feedback, no tiene que ser un amigo literato, lo mejor es hacer que distintas personas lo lean e ir recogiendo sus opiniones. Otra buena cosa es tomar un texto que odiaste y comenzar a arreglarlo. Al principio puede ser una tarea fome y hasta agotadora, pero mientras más nos enfrentamos a lo que no nos gusta, más fuerte es el carácter que formamos para la consecución de nuestros objetivos. Lo que me lleva al siguiente punto.

4.- Sé disciplinado. Una cosa que con el tiempo se pierde es la disciplina. Está bien divertirse y perder el tiempo, sobre todo cuando estás en medio de una actividad que parece ir a ninguna parte, mal que mal todo termina siendo una experiencia, incluso sacar la vuelta. Sin embargo, lo más importante en toda persona que quiera lograr algo en la vida es el carácter. Forjarlo es primordial, pues es lo que nos permite atravesar con aplomo esta vida carente de todo sentido. Aprender a enfrentarnos a aquello que no nos gusta es lo que nos convierte en mejores o peores. Parafraseando a Woody Allen; “el talento es suerte, lo importante en la vida es el coraje”.

5.- Al único al que hay que vencer es a uno mismo. La competencia es dura, ciertamente, pero jamás será tan dura como lo es contigo mismo. No hay necesidad de compararse o tratar de ser como tal o cual persona. Al enfrentarse al arte, todo lo que uno hace es tratar de encontrar y comprenderse uno mismo.

6.- Escribe como hablas. Siempre hay tiempo posterior para corregir, pero olvídate que leíste todas las colecciones de Anagrama en dónde hablan como te gustaría hablar, olvida también todas las películas. Acepta el “querís”, el  ”voh” y el “conchatumare”, porque así hablas y así es como debes escribir. Deja la pega de traducir ese lenguaje para después. Cualquier impostura de estilo a tu manera de comunicarte te quita tiempo y energía, logrando que se te arranquen las ideas cuando más las necesitas. Finalmente lo que diferencia una buena obra de otra, es lo mucho o poco que lograste cagar su espíritu inicial.

7.- Como sea, donde sea. ¿Necesitas una cerveza para escribir? ¿Un pito? ¿Coca? Cualquier cosa es bienvenida en la medida en que ayude a soltar tu mano y exponer lo que quieres decir. No tiene que ser claro, sólo debe ser. Jack Kerouac escribió ‘En el camino‘ borracho y drogado hasta las patas, mientras Raymond Carver reconocía que nunca escribió una sola línea que valiera la pena mientras estuvo borracho. No digo que todos debamos hacer lo mismo, pero hay cosas que nos sirven más a uno que a otros. Sentarte en tu cama, mirar por la ventana, con el compu en las piernas mientras estás cagando. Lo que sea, como sea, dónde sea. No existe un momento exacto, ni mucho menos perfecto para escribir.

8.- Descubre tu posición y simplifica. Un error común es escribir todo en primera persona creyendo que es más fácil. No lo es y hasta a veces es más fome. Escribir en primera persona significa controlar mucho más la información. No puedes hablar de los sentimientos de otro personaje, o puedes, pero siempre debes dejar claro que es tu personaje el que está viendo eso y no la realidad del mundo de la historia. Por lo demás, al principio, uno siempre es el personaje y por lo mismo, siempre quiere verse bien. Si le damos un giro a cómo lo presentamos, evitamos también incorporar nuestro ego a la obra. Escribe simplificando la historia, pero sin economizar —tanto— las descripciones. Es eso —colores, sonidos, olores, sensaciones— lo que le da la textura a lo que escribas y es esa textura particularmente propia de cada uno la que diferenciará tu escrito de los otros miles que existen.

9.- Todos somos principiantes. A todos nos pasa que cuando recién empezamos a escribir sonamos igual a los autores que nos gustan. No está mal. No es que esté bien tampoco, pero esa es la ventaja que tenemos los principiantes. Podemos errar hasta encontrar lo que buscamos. Siempre deberíamos sentirnos así. Si empezamos a pensar que le debemos algo a alguien más que no sea nosotros mismos, estamos cagados y nuevamente nos vamos a meter en una vorágine que lo único que busca es complacer a los demás.

10.- Edita. Esto es lo más importante. Cuando se te pase la caña y hayas tenido que ocuparte de todas tus actividades diarias, tómate el tiempo pare revisar lo que hiciste. Lee en voz alta, raya y subraya tu hoja, escribe encima, reescribe, pasa en limpio, no lo abandones hasta que esté terminado o te sientas satisfecho con lo que has hecho. Sin embargo, como me dijo una amiga, luego de horas de edición el texto puede llegar a convertirse en un hijo adolescente odiable. De pronto te lo sabes de memoria, quieres cambiarlo pero ya no sabes cómo, te quedas sin ideas, todo se convierte en un bloque impenetrable y ya no sabes qué cortar, por qué querías cambiar cierta frase, etc. Para esos momentos, es vital esa persona que más que nada, te conoce bien, quiere que tu escrito quede cuando menos, aceptable y, sobre todo, sabe cómo decirte que edites.

Diego Sepúlveda es Productor Audiovisual de la UC y Director de Sello Cazador. Puedes leer sus cuentos no tan buenos acá o descargar la música de sus bandas que sí lo son acá.

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